“Por si algún día no me encuentras”, de Olaia Pazos

algunas veces suceden cosas que uno no es capaz de entender, pero pasan para quedarse. ese también es el encanto de los libros, que nada se puede borrar, ni siquiera los errores. no existe el CTRL+Z una vez impreso el libro.

el caso es que en la primera edición de UN MAR BAJO EL SUELO incluye, como si fuera mío, un poema de Olaia Pazos “Por si algún día no me encuentras” (pág. 14). un error inexplicable/imperdonable del que soy el único responsable. hace pocos días una ávida lectora, en la barra del Aleatorio, al ojear uno de los últimos ejemplares del libro. rápidamente me puse en contacto con Olaia y nos vemos para aclarar lo sucedido, entre sonrisas y confidencias de la vida. después de digerir mi error, decidimos hacer las cosas así: quitando el poema en la segunda edición, que ya estaba preparándose, y reconociendo su autoría en redes sociales y, en esta web, explicarlo más detenidamente.

soy un gran defensor de los autores y sus derechos, básicamente a eso me dedico en mi vida, en la editorial o en los ciclos de poesía/festivales que organizo. esta forma de pensar y actuar en mi día a día ha hecho que me resulte mucho más complicado perdonarme mi propio error (aunque no tuviera malas intenciones, algo que no he dicho hasta ahora porque es lógico). pero ella es Olaia, y ella lo hace todo mucho más sencillo. con una llamada de teléfono es suficiente para abrazamarnos.

ni que decir tiene, que siempre he sido un admirador de Olaia. aunque no tuviera nada que ver en la publicación de su único libro “Bipolar” (libro en el que se incluye “Por si algún día no me encuentras”), pero que tuve la suerte de leer cuando todavía era inédito; la he invitado varias veces a participar en el festival de poesía Inverso (dos recitando, 2013 y 2011; y cantando en su primera edición, 2009).

de todo esto solo espero dos cosas:
1. tu perdón
2. que si no conoces a Olaia Pazos salgas corriendo a conocer su trabajo, te aseguro que no te decepcionará.

muchas gracias a todos por saber perdonarme y, especialmente, a Olaia por conseguir que no me suicidara del todo.

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